La familia de Hernest Muligan - Hernest Muligan de Clean & Iron Service.

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Miranda Stuard, esposa de Hernest Muligan, siempre fue una mujer avanzada a su tiempo. De cabeza ágil y muy orgullosa de sus orígenes humildes, supo aportar una frescura innata en la gestión del negocio y una visión muy innovadora, que le sirvió para adaptar continuamente los servicios a las necesidades y gustos de los clientes. Años más tarde, Miranda ya retirada del negocio, impartió clases de gestión empresarial en la reputada University of California. Miranda Stuard como gran mujer de su tiempo, supo encontrar rápidamente nuevas ocupaciones a su situación.

John Muligan, padre de Hernest Muligan. La vocación empresarial de los Muligan venía de lejos. Dicen que John Muligan, tenía unas dotes innatas para gestionar su cabaret de San Francisco. Dice la leyenda que con 50 años de gestión de su negocio, nunca nadie le quedó a deber una consumición.  John siempre reconoció que el cabaret no era el negocio de su vida, pero con los años demostró no solo ser un empresario modelo, sino que también muy avanzado a su tiempo, ya que en aquellos tiempos el cabaret ya preparaba comida para llevar. Tenía fama de ser un hombre rudo y de pocos amigos, pero sus amigos y familiares aseguraban que era un hombre de enorme corazón y bondad. San Francisco 1885.

Durante un viaje cultural por el Adriático, Anthony un viejo amigo de Hernest, muy acostumbrado a dar consejos y no seguir ni uno, comiendo los dos en una vieja tratoría cerca del puente de Rialto en Venecia y después de haber arreglado el mundo durante horas y comido y bebido con depravación todo lo que la madona les había ofrecido, contó a Hernest la siguiente historia:
“Dicen, contaba Antony, que durante el siglo pasado un turista Norte Americano viajó a la ciudad del Cairo en Egipto, con la finalidad de encontrar y visitar un famoso sabio para pedirle consejo. Cuando después de muchos días y peripecias el hombre pudo encontrar al sabio, este se sorprendió mucho al ver que el sabio vivía en una habitación muy sencilla y llena de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco. Sorprendido por aquella situación, el turista Americano preguntó: ¿Dónde están sus muebles? A lo que el sabio rápidamente contestó: ¿Y los suyos? ¿Los míos? Contestó sorprendido el turista. ¡Pero si yo solo estoy aquí de paso! Yo también, concluyó el sabio.”
Dicen las crónicas que después de la comida y sin apenas levantarse Anthony y Hernest empalmaron con la cena, la sobremesa……… Hasta que la propietaria de la tratoría, harta ya de esos dos tipos, les preguntó si no tenían familia que los pudiera adoptar.

 
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